lunes, 17 de junio de 2013

Una puñalada por la espalda

Se preguntó, aquella mañana gris, por qué ella no le había llamado, qué no diera señales de vida después de diez mensajes enviados al móvil, aquella fatídica noche en la que había decidido no callarse más.
No entendía, el porqué de sus actos, si era su mejor amiga, ¿por qué le abandonaba al amparo de la vida? ¿Por qué, exactamente, ahora? No había hecho nada malo, solo ser sincera, y por desgracia estaba siendo castigada por ello, la chica no entendía en que mundo podía vivir, en el que las personas que más quieres te abandonan cuando les dices la verdad, como le había pasado con su mejor amiga. Más que una mejor amiga era para ella, pero para la otra no parecía ser nada, porque ni siquiera le dio explicaciones a la pobre chica de porque ya no le hablaba como antes, porque no le miraba ni le sonreía como antes. Ella, esa amiga, que había pasado todos los momentos malos y buenos, ahora le abandonaba cuando más lo necesitaba, cuando no sabía ni quién era, cuando estaba pasando el peor momento de su vida.
Esa mañana, se encontraba con un cuchillo entre sus manos, a punto de hacer una atrocidad en sus muñecas, cuando sonó el tono de su móvil, una simple melodía que en ese momento le salvaba la vida. Era ella, su mejor amiga, solo le dijo dos palabras que le marcaron de por vida: “Olvídame, ya”. No cortó sus venas, porque cayó en un llanto profundo que le dejó plantada en el suelo de la cocina con la mirada perdida en el horizonte. No salió de ese llanto hasta bien entrada la madrugada del día siguiente, cuando arropada entre sus sábanas que tantos llantos habían soportado, decidió no salir de la cama durante días, no hablar con nadie, no comunicarse con el exterior. Y así, lo hizo durante diez días, diez días de extremo llanto, de no comer, de no saber nada de nadie, simplemente observando y analizando todo lo que había hecho mal, todo lo que había ocasionado perderla. No encontraba nada, solo una simple palabra, sinceridad, eso, lo que su amiga no había soportado, la verdad.
Después de esos diez días, salió de su cama y su habitación y plantó cara a la realidad, la dura realidad, la vio, feliz y sonriente, mientras que ella se moría por dentro porque no entendía nada de nada, hizo todo lo posible para borrar la huella que ella le había dejado en todos los lugares, pero no logró nunca borrar la huella que marcó en su corazón.

Pasados los meses, pudo salir adelante, mirarla a los ojos sin que le doliera todo lo que en un pasado le dijo, pero aún no lograba entender lo que había sucedido para que todo hubiera acabado de esa manera. La muchacha se hizo fuerte y creó una coraza con la que se sentía protegida, había perdido una parte de sí misma, o eso era lo que ella creía, pero simplemente le habían dado una puñalada por la espalda, de la que se dijo que jamás se levantaría del suelo y ella resurgió de entre sus demonios y demostró a la gente que se equivocaba y que era más fuerte que antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario