Se preguntó, aquella mañana gris, por qué ella no le había llamado, qué no
diera señales de vida después de diez mensajes enviados al móvil, aquella
fatídica noche en la que había decidido no callarse más.
No entendía, el porqué de sus actos, si era su mejor amiga, ¿por qué le
abandonaba al amparo de la vida? ¿Por qué, exactamente, ahora? No había hecho nada
malo, solo ser sincera, y por desgracia estaba siendo castigada por ello, la
chica no entendía en que mundo podía vivir, en el que las personas que más
quieres te abandonan cuando les dices la verdad, como le había pasado con su
mejor amiga. Más que una mejor amiga era para ella, pero para la otra no
parecía ser nada, porque ni siquiera le dio explicaciones a la pobre chica de
porque ya no le hablaba como antes, porque no le miraba ni le sonreía como antes.
Ella, esa amiga, que había pasado todos los momentos malos y buenos, ahora le
abandonaba cuando más lo necesitaba, cuando no sabía ni quién era, cuando
estaba pasando el peor momento de su vida.
Esa mañana, se encontraba con un cuchillo entre sus manos, a punto de hacer
una atrocidad en sus muñecas, cuando sonó el tono de su móvil, una simple
melodía que en ese momento le salvaba la vida. Era ella, su mejor amiga, solo
le dijo dos palabras que le marcaron de por vida: “Olvídame, ya”. No cortó sus
venas, porque cayó en un llanto profundo que le dejó plantada en el suelo de la
cocina con la mirada perdida en el horizonte. No salió de ese llanto hasta bien
entrada la madrugada del día siguiente, cuando arropada entre sus sábanas que
tantos llantos habían soportado, decidió no salir de la cama durante días, no
hablar con nadie, no comunicarse con el exterior. Y así, lo hizo durante diez
días, diez días de extremo llanto, de no comer, de no saber nada de nadie,
simplemente observando y analizando todo lo que había hecho mal, todo lo que había
ocasionado perderla. No encontraba nada, solo una simple palabra, sinceridad,
eso, lo que su amiga no había soportado, la verdad.
Después de esos diez días, salió de su cama y su habitación y plantó cara a
la realidad, la dura realidad, la vio, feliz y sonriente, mientras que ella se
moría por dentro porque no entendía nada de nada, hizo todo lo posible para
borrar la huella que ella le había dejado en todos los lugares, pero no logró
nunca borrar la huella que marcó en su corazón.
Pasados los meses, pudo salir adelante, mirarla a los ojos sin que le
doliera todo lo que en un pasado le dijo, pero aún no lograba entender lo que
había sucedido para que todo hubiera acabado de esa manera. La muchacha se hizo
fuerte y creó una coraza con la que se sentía protegida, había perdido una
parte de sí misma, o eso era lo que ella creía, pero simplemente le habían dado
una puñalada por la espalda, de la que se dijo que jamás se levantaría del
suelo y ella resurgió de entre sus demonios y demostró a la gente que se
equivocaba y que era más fuerte que antes.
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